8 oct. 2010

DESDE LA INMORTALIDAD


EL TIRANO Y EL GUERRILLERO
Cuando niña
pretendieron
robarme
la memoria.
Oí voces oscuras
mientiendo.
Idiotas útiles,
machacando…
el tirano prófugo…
el guerrillero…
Recuerdo el día
nefasto
en que mi madre
quemó,
con miedo,
los libros.

Ellos,
burdamente
quisieron
inculcarme el odio
arrojando
tantas palabras
al fuego…
Al guerrillero,
casi no lo conocía,
pero entonces,
al ver que “ellos”
le temían
me infundió respeto.

El otro,
que palpitaba
en miles
de corazones
creció conmigo.
Se metió aún más
en mis venas
y en mi sangre.
Cuando volvió…
fue un orgásmico
resucitar de pueblo.
Que no queden dudas.
Aún hoy
y en ese entonces…
cuánto lo amaba.

Y el guerrillero
siguió ahí.
Aún después
de muerto,
creciendo triunfal
en miles de brazos
levantados,
siempre.
Estaba ahí.
En cada pequeña
victoria popular
y aún sabiendo
poco o nada
sobre él,
aprendí a amarlo.

Desde que
ya no están,
las victorias
ni siquiera
son victorias,
ni aún pequeñas.
Sólo son
un sueño
del que siempre
se despierta…
con resaca.

GINA ESCOBAR

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